El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

todo el mundo, valen mucho más que las ri- quezas por las cuales se afanan y luchan tan- tos mortales. Dime ahora sinceramente: ¿deseas verte libre del toque de oro? -¡Lo odio! -respondió Midas. Una mosca se le posó en la nariz; pero inme- diatamente cayó al suelo; también ella se había convertido en oro. Midas se estremeció. -Entonces -dijo el desconocido-, ve y báñate en el río que pasa por detrás de tu jardín. Toma un cántaro de agua y ve rociando con ella cada uno de los objetos que desees que vuelvan a su antigua sustancia. Si haces esto con buen deseo y sinceridad, puede que repa- res el daño que has causado con tu avaricia. El rey Midas se inclinó profundamente y, cuan- do levantó la cabeza, el reluciente desconoci- do había desaparecido. Comprenderéis fácilmente que Midas no per- dió el tiempo y fue a buscar un gran cántaro de barro; pero ¡ay de mí!, en cuanto lo tocó

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