El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nunca volverás a humedecer mi seca gargan- ta! -¿El toque de oro -prosiguió el desconocido- o un pedazo de pan? -Un pedazo de pan -respondió Midas- vale por todo el oro del mundo. -¿El toque de oro -preguntó el desconocido- o tu hija palpitante, viva, suave y cariñosa como era hace una hora? -¡Oh! ¡Mi hijita, mi hijita! -exclamó el pobre Midas retorciéndose las manos -. ¡No hubiera dado yo el hoyito que tenía en la barbilla por el poder de convertir toda la Tierra en una inmensa bola de oro! -Eres más sensato que antes, rey Midas -dijo el desconocido-. Ya veo que en tu corazón aún hay carne y no se ha convertido totalmente en oro. Si así fuera, tu caso sería desesperado. Pero aún pareces capaz de comprender que las cosas sencillas, las que están al alcance de

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