El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
dejó de ser barro. De todos modos corrió hasta la orilla del río. Según iba cruzando el huerto, que estaba plantado de grosellas y frambuesas, era maravilloso ver cómo el folla- je se ponía amarillo, como si hubiese pasado por allí el otoño. Al llegar al río se tiró de cabe- za sin detenerse siquiera a quitarse los zapa- tos. -¡Puf, puf, puf! -resopló el rey Midas al sacar la cabeza del agua-. Está bien. Este es un baño refrescante y supongo que me habrá lavado por completo y quitado el toque de oro. Ahora, a llenar el cántaro. Metió el cántaro en el agua y se le alegró el corazón al verlo convertirse, de oro que era, en el mismo honrado cántaro de barro que había sido antes de que lo tocara. También notaba un cambio dentro de sí mismo. Era como si le hubiera quitado del pecho un peso grande, duro y frío. Sin duda su corazón había ido perdiendo poco a poco su sustancia humana transmutándose en metal insensible; pero ahora iba ablandándose, era
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx