El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

demás objetos que habían sido transformados por el tacto de Midas. -¡Eh, amigo Midas! -dijo el desconocido-. ¿Qué tal te va con el toque de oro? Midas movió la cabeza. -Soy muy desgraciado -dijo. -¿Muy desgracia- do, de veras? -exclamó el desconocido-. ¿Y cómo es eso? ¿No he cumplido fielmente la promesa que te hice? ¿No has tenido todo lo que tu corazón deseaba? -El oro no lo es todo en este mundo -respon- dió Midas-, y he perdido lo que mi corazón quería más que nada. -¡Ah! ¿De modo que de ayer a hoy has hecho un descubrimiento? -observó el desconocido-. A ver, a ver. ¿Cuál de estas dos cosas te parece que vale más: el don del toque de oro o una copa de agua clara? -¡Oh, bendita agua! -exclamó Midas-. ¡Ya

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx