El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

En qué consistía generalmente el desayuno de un rey en los tiempos de Midas es cosa que no sé, y no puedo detenerme ahora a investigar- lo. Supongo, sin embargo, que aquella mañana el desayuno consistía en panecillos calientes, una hermosa trucha, patatas asadas, huevos frescos pasados por agua y café para el rey Midas, y un tazón de sopas de leche para su hija Doradina. Creo que este desayuno es bas- tante para un rey, y a mí me parece que fuese este o no el que el rey Midas solía tomar, cier- tamente era exquisito. Doradina no había llegado todavía. Su padre mandó que la llamasen y sentándose a la mesa esperó a que la niña llegara para empe- zar a desayunar. Para hacer justicia al rey Midas, hay que decir que quería de veras a su hijita, y mucho más aquella mañana, pues es- taba muy contento por la buena suerte que le había sobrevenido. Poco después la oyó llegar; pero Doradina venía llorando amargamente. Esta circunstan-

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