El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
hilo se había transformado en otro que pare- cía ser del oro más puro y brillante! ¡El toque de oro le había llegado con el primer rayo de sol! Midas se incorporó en una especie de gozoso frenesí y echó a correr por la habitación, to- cando cuanto encontraba a su paso. Tocó uno de los barrotes de la cama e inmediatamente se convirtió en estriado lingote de oro. Desco- rrió una cortina para ver mejor todas las mara- villas que estaba obrando y la borla se le con- virtió entre las manos en un montón de oro. Cogió un libro de encima de la mesa. Al primer contacto se convirtió en el volumen más rica- mente encuadernado y dorado que se haya visto nunca; pero, al pasar los dedos sobre las hojas, ¡ay!, se convirtieron estas en un mon- tón de delgadas placas de oro, en las cuales eran ilegibles todas las sabias letras del libro. Se apresuró a vestirse y se quedó encantado al verse con un magnífico traje de tela de oro que conservaba su flexibilidad y su suavidad, aunque le pesaba un poco más que de cos-
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