El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

y sobre otros varios objetos; pero tuvo una triste desilusión al ver que continuaban siendo de la misma sustancia que antes. Entonces temió que la visita del brillante desconocido hubiese sido un sueño o que, aunque hubiese venido de veras a visitarlo, solo lo hubiera hecho para reírse de él. ¡Qué cosa tan triste, si después de tantas esperanzas el rey Midas hu- biese tenido que contentarse con el poco oro que pudiese juntar por medios ordinarios, en lugar de crearlo con solo tocar las cosas! Mientras pensaba esto, aún estaba la mañana gris, con un solo rayo brillante a lo largo de una nube, que Midas no alcanzaba a ver. Vol- vió a echarse en la cama, muy desconsolado por la decepción de sus esperanzas, y se fue poniendo cada vez más triste, hasta que el pri- mer rayo de sol pasó a través de la ventana y vino a dorar el techo. A Midas le pareció que aquel brillante y amarillo rayo de sol se refleja- ba de modo extraño sobre la colcha blanca de su cama. Mirando más de cerca, ¡cuál no sería su asombro y su alegría al ver que el tejido de

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