El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

¡Deseo que todo lo que toque se convierta en oro! La sonrisa del desconocido se hizo tan amplia que pareció llenar el subterráneo, como un sol que brillara en un sombrío y hondo valle donde las amarillas hojas del otoño (porque esto parecían los pedazos de oro) estuviesen esparcidas por el suelo, reflejando su luz. -¡El toque de oro! -exclamó-. Verdaderamen- te, amigo Midas, eres hombre de imaginación. Pero ¿estás completamente seguro de que con eso te quedarás satisfecho? -¡Completamente…! -dijo Midas. -¿Y nunca te arrepentirás de poseer ese don? -¿Por qué había de arrepentirme? -preguntó Midas-. Es lo único que pido para ser comple- tamente feliz. -Entonces, hágase como deseas -respondió el forastero moviendo la mano en señal de des- pedida-. Mañana al salir el sol te encontrarás

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