El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tan feliz eres!”. Pero era muy gracioso ver cómo la imagen de su rostro le hacía muecas desde la pulida superficie de la copa. Se diría que aquella imagen comprendía cuán necia era su conducta y se burlaba de él. Midas decía que era un hombre feliz, pero por dentro sentía que no lo era del todo. No po- dría llegar a la felicidad completa hasta que el mundo entero se convirtiese en un inmenso guardatesoros y estuviese lleno de amarillo metal, que fuese todo suyo. No necesito recordar a niños tan instruidos como vosotros que allá en los tiempos anti- guos, muy antiguos, cuando vivía el rey Midas, pasaban cosas que en nuestros tiempos y en nuestro país nos parecerían maravillosas. Por otra parte, ahora suceden muchísimas cosas que no solo nos parecen maravillosas a noso- tros, sino que a las personas de los tiempos antiguos las habrían dejado ciegas de asom- bro. Yo, por mi parte, creo que nuestros tiem- pos son mucho más extraños que los antiguos;

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