El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
grandísimo honor haber contado los cuentos que van aquí impresos), su nombre era Eusta- ce Bright. Era estudiante en el Williams Colle- ge y había alcanzado en aquella época la res- petable edad de dieciocho años. Por aquel en- tonces le parecía casi ser el abuelo de Pimpi- nela, Zanahoria, Pensamiento, Flor de Limón, Junquillo y los demás, que eran la mitad o la tercera parte de venerables que él. Una mo- lestia en la vista (como creen necesario tener- la muchos estudiantes de hoy día, para de- mostrar su aplicación) le había hecho abando- nar las clases dos semanas antes de terminar el curso. Pero, por mi parte, pocas veces he visto un par de ojos con pinta de ver mejor o más lejos que los de Eustace Bright. El aplica- do estudiante era delgado y un poco pálido, como lo son todos los estudiantes yanquis, pero de aspecto muy saludable, y tan ligero y activo como si tuviese alas en los zapatos. Como le gustaba mucho cruzar arroyos y pisar la hierba de las praderas, se había calzado para la expedición fuertes botas de becerro.
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