El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

la señora Pringle a pasar unos cuantos días de la deliciosa estación en Tanglewood. No me gusta deciros sus nombres ni llamarles con nombres que algún niño haya llevado antes que ellos, porque sé de cierto que muchos au- tores se ponen en grandísimos compromisos por haber dado a los personajes de sus libros nombres de personas reales y verdaderas. Por esta razón quiero llamarles Siempreviva, Pim- pinela, Arándano, Zanahoria, Ojos Azules, Tré- bol, Pensamiento, Mimosa, Flor de Limón, Jun- quillo, Vainilla y Campanilla, aunque, a decir verdad, estos nombres serían mucho más pro- pios de un grupo de hadas que de una reunión de niños de este mundo. No hay que suponer que a estos niños les permitían sus cuidadosos padres y madres, tíos, tías o abuelos, andar va- gando por bosques y campos sin la vigilancia de alguna persona mayor y muy seria. ¡De nin- gún modo! En el primer párrafo de mi libro re- cordaréis que he hablado de un joven alto, en torno al cual los niños hacían corro. Su nom- bre (y os diré el verdadero, porque considera

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