El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
oro sin obligarte a correr nuevos peligros? -Todo lo contrario -repuso Jasón-. Está muy enojado conmigo porque he amansado los toros de bronce y he sembrado los dientes del dragón. Me prohíbe continuar con mi empre- sa, y se niega a entregarme el vellocino de oro, mate o no al feroz dragón. -Así es, Jasón -añadió la princesa-. Pero hay más cosas que debes saber. Si no zarpáis antes del amanecer, el rey prenderá fuego a tu gale- ra de cincuenta remos, y os matará a todos. Pero ¡ten valor! Si mi magia resulta lo suficien- temente poderosa, obtendrás el vellocino de oro. Espérame aquí mismo una hora antes de la medianoche. A la hora acordada, podríais haber visto nue- vamente al príncipe Jasón y a la princesa Medea caminando sigilosamente por las calles de la Cólquide, en dirección al pequeño bos- que sagrado en cuyo centro colgaba de un árbol el vellocino de oro.
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