El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

quedase más que un poco de aliento, os pedi- rían que lo gastaseis en contarles un cuento. -Primo Eustace -dijo Mimosa-, ¡qué cuento tan bonito el de la cabeza de la gorgona! ¿Crees que serías capaz de contarnos otro tan bonito como ese? -Sí, hija mía -dijo Eustace, tapándose los ojos con la visera de la gorra, como si se preparase a echar una siesta-. Podría contaros una doce- na, tan bonitos o más, si me diese la gana. -¡Oh, Siempreviva y Pimpinela! ¿Oís lo que dice? -exclamó Mimosa bailando de contenta-. ¡El primo Eustace nos va a contar una docena de cuentos más bonitos que la cabeza de la gorgona! -No he prometido contar ni uno, Mimosa loca -dijo Eustace casi enfadado-. Sin embargo, temo que no haya más remedio. ¡Esta es la consecuencia de haberme creado una reputación! ¿Por qué no seré un poco más tonto de lo que soy, por qué se me habrá ocu-

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