El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pués, príncipe y princesa vieron brillar innu- merables gotas de rocío en toda aquella ex- tensión de tierra. Y estas empezaron a crecer y a crecer, hasta que resultó evidente que se trataba de aceradas puntas de lanza. Asimis- mo, Jasón vio el fulgor de un sinfín de yelmos de bronce, bajo los cuales, a medida que iban surgiendo de la tierra, aparecían los oscuros rostros barbudos de los guerreros, que lucha- ban con todas sus fuerzas por librarse de la tierra que los aprisionaba. La primera mirada que lanzaron al mundo fue de ira y de despre- cio. Y no tardaron en verse sus brillantes cora- zas; y en su mano derecha empuñaban una es- pada o una lanza, y en su mano izquierda, un escudo. Aquella singular cosecha de guerreros, impacientes porque querían acabar de nacer de la tierra, peleó con furia contra las raíces que la sujetaban. Allí donde había caído un diente de dragón, aparecía un soldado prepa- rado para el combate. Y levantaron gran es- truendo con sus espadas, y se miraron feroz- mente unos a otros; pues, a pesar de haber

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