El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
por el rabo, sujetándolos con tanta fuerza como si sus manos fueran dos vigorosos clavos de hierro; no cabe duda de que sus brazos eran increíblemente poderosos. Aquellos toros estaban hechizados y Jasón había logra- do romper el maleficio de su ardiente feroci- dad gracias a la audacia con que se había en- frentado a ellos. Y desde entonces, es costum- bre entre los hombres valerosos “agarrar el toro por los cuernos” (aunque también podría decirse por el rabo) siempre que los asalta algún peligro, lo que significa que la mejor forma de vencer la adversidad es enfrentarse a ella con valentía. Y Jasón unció a los dos toros y los enganchó sin dificultad al arado, que llevaba oxidándose en un rincón desde tiempo inmemorial, pues en todos aquellos años nadie había sido capaz de labrar aquellas tierras. Es muy probable que el viejo y bondadoso Quirón hubiera ense- ñado a Jasón la mejor forma de abrir un surco, y no habría sido de extrañar que él personal- mente hubiese tirado del arado. En cualquier
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