El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pastos con su destello. El valeroso Jasón siguió adelante; y repentinamente, como un relám- pago, aquellos terribles animales se abalanza- ron sobre él, mugiendo enfurecidos, arrojando gigantescas llamaradas blancas; y fue tan grande el resplandor como si hubiera llegado un nuevo día. Y Jasón vio a las dos espantosas criaturas galopando hacia él, mientras sus pe- zuñas de bronce golpeaban con estrépito la tierra, y su aliento calcinaba la hierba. Y el calor era tan intenso que el árbol seco bajo el que se encontraba el joven príncipe se incendió como una antorcha. Sin embargo, gracias a la pomada mágica de Medea, las lla- maradas rodearon el cuerpo del joven príncipe sin ocasionarle la menor herida, como si fuera de amianto. Al ver que no se había convertido en cenizas, respiró tranquilo, y esperó con nuevos bríos el ataque de los toros de bronce. Cuando estos se disponían a lanzarlo por los aires, Jasón cogió a uno de ellos por un cuerno, y al otro

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