El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
do reparen en tu presencia. No hay nada que complazca más a mi padre y a sus cortesanos que ver a un forastero tratando de colocarles la yunta, a fin de conseguir el vellocino de oro. Cada vez que esto ocurre, se celebra un día de fiesta en la Cólquide. Y la verdad es que a mí también me encanta. En un abrir y cerrar de ojos, su aliento de fuego convierte al joven en carbonilla. -¿Estás segura, hermosa Medea -quiso saber Jasón-, completamente segura, de que el ungüento de la cajita dorada es un buen reme- dio contra esas terribles quemaduras? -Si lo pones en duda, si no confías en mí -dijo la princesa, mirándole fijamente a la cara bajo la pálida luz de las estrellas-, sería mejor que jamás hubieras nacido, y que no dieras ni un paso más hacia los toros. Pero el joven tenía verdadero empeño en con- seguir el vellocino de oro; y dudo mucho de que estuviera dispuesto a regresar a su país sin él, aunque tuviera la certeza de verse con-
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