El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
toros de bronce antes de que llegue el nuevo día. El joven le aseguró que podía confiar en su valor. Y corrió junto a sus compañeros, a quie- nes relató la conversación con Medea, advir- tiéndoles de que estuvieran preparados por si necesitaba su ayuda. A la hora acordada, fue a ver la hermosa prin- cesa en la escalinata de mármol del palacio real. Ella le entregó una cesta con los dientes del dragón, tal y como los había arrancado Cadmo de las mandíbulas del monstruo hacía mucho tiempo. Entonces, Medea condujo a Jasón a través de las silenciosas calles de la ciudad, hasta llegar a las dehesas reales, donde se guardaban los toros de patas de bronce. Era una noche estrellada, y un claro resplandor iluminaba el este, allí donde la luna estaba a punto de salir. Al entrar en la dehesa, la princesa se detuvo. -¡Mira cómo reposan en aquel lejano rincón! - exclamó-. Será divertido ver su reacción cuan-
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