El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

do, porque me siento inclinada a favorecerte; de lo contrario, jamás conseguirías librarte de ser devorado por el dragón. -No me preocuparía tanto ese horrible mons- truo si supiera qué debo hacer con los dos toros de patas de bronce y pulmones de fuego -afirmó el joven. -Tendrás que ser tan valiente como creo que eres -dijo Medea-. Tu propio corazón te ense- ñará que solo existe un modo de lidiar con un toro bravo. Ya lo averiguarás cuando estés en peligro. En cuanto a su aliento de fuego, aquí tienes este ungüento mágico que he prepara- do, y que impedirá que mueras achicharrado. Asimismo, te aliviará en caso de sufrir alguna pequeña quemadura. Puso en sus manos una cajita dorada, y le indi- có cómo debía poner aquel perfumado bálsa- mo, rogándole que volviera a verla a mediano- che. -Si eres valiente -añadió-, amansarás a los

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