El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Cadmo obtuvo aquella cosecha de hombres armados. Desde luego los hijos de los dientes del dragón son una pandilla de bandidos indisciplinados, y, a menos que sepas cómo tratarlos, te ataca- rán con sus espadas. Tú y tus cuarenta y nueve argonautas seríais incapaces de vencer al terri- ble ejército que surgirá de la tierra. -Hace mucho tiempo que mi maestro Quirón me contó la historia de Cadmo -contestó el jo- ven-. Quizá pueda dominar a los pendencieros hijos de los dientes del dragón, al igual que tan valiente príncipe. -¡Ojalá el dragón acabe con él! -murmuró entre dientes el rey Eetes-. Y de paso, con su maestro Quirón, el pedante cuadrúpedo. ¡Qué joven tan temerario y presuntuoso! Será diver- tido ver lo que hacen con él mis toros. Bueno, príncipe Jasón -continuó diciendo con toda la cortesía de la que era capaz-, será mejor que disfrutes de un
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