El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
por lo que vengo a suplicaros humildemente que me permitas apoderarme de él. Muy a su pesar, el rostro del rey se contrajo de rabia; pues lo que más apreciaba en este mundo era el vellocino de oro, e incluso se sospechaba que había hecho algo increíble- mente perverso para convertirse en su dueño. Por esta razón, al oír que el intrépido príncipe y cuarenta y nueve de los jóvenes guerreros más valerosos de Grecia habían llegado a la Cólquide, con el único fin de quitarle su más valioso tesoro, se puso del peor humor imagi- nable. -¿Acaso sabes cuáles son las condiciones que debes cumplir antes de tomar posesión del ve- llocino de oro? -preguntó a Jasón, mirándole severamente. -He oído decir -replicó el joven- que un dragón vigila tan preciado tesoro, y que cualquiera que se acerque corre el peligro de ser engulli- do por él.
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