El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
var inmediatamente a Jasón ante su presencia. Era un monarca severo y cruel; y, a pesar de que fingió ser amable y hospitalario, Jasón tuvo el presentimiento de que era tan malva- do como el rey Pelias, aquel que había des- honrado a su padre. -¡Bienvenido a mi reino, valeroso Jasón! -dijo Eetes-. Y, dime, ¿es este un viaje de placer o te diriges a descubrir nuevas islas? ¿A qué debo el honor de tu visita? -Gran señor -contestó Jasón, haciéndole una reverencia, pues Quirón le había enseñado a comportarse con propiedad, estuviera ante un rey o ante un mendigo-, he llegado a tus tie- rras para rogarte que me permitas cumplir una importante misión. El rey Pelias, que ocupa el trono de mi padre (al cual no tiene más derecho que a este que vuestra majestad ahora ocupa), se ha compro- metido a entregarme su corona y su cetro si consigo regresar con el vellocino de oro. Como bien sabes, este se encuentra en la Cólquide,
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