El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

diera esconderse un solo arquero. Pero las fle- chas siguieron cayendo sobre ellos; y sucedió que, al levantar la vista hacia el cielo, avistaron una enorme bandada de pájaros, volando en las alturas, que disparaban sus plumas contra los argonautas. Y aquellas eran las temibles flechas con punta de acero que tanto les ha- bían importunado. Era imposible oponer la menor resistencia a aquel ataque; y con toda seguridad los cincuenta heroicos argonautas habrían perecido o sufrido graves heridas a manos de aquellos pajarracos, sin llegar a ver jamás el vellocino de oro, si Jasón no se hubie- ra acordado de pedir consejo a su mascarón de proa. Con este fin, corrió hacia la nave tan rápida- mente como le permitieron sus piernas. -¡Oh, hija del oráculo de Dodona! -gritó casi sin aliento-. Necesitamos más que nunca tu sabiduría. Nos ataca una bandada de pájaros que nos disparan sus plumas con puntas de acero. ¿Qué podemos hacer para ahuyentarlos

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