El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

y escapar así a tan grave peligro? -¡Organizad un gran estruendo con los escu- dos! -contestó la figura de madera. Al oír tan excelente consejo, Jasón regresó rá- pidadamente con sus compañeros (bastante más desesperados que cuando lucharon con- tra los gigantes de seis brazos), y les ordenó que golpearan los escudos de bronce con sus espadas. Los cincuenta héroes le obedecieron en el acto, aporreándolos con todas sus fuer- zas, y organizaron tal estrépito que los pájaros no tardaron en alejarse; y, a pesar de que ha- bían perdido la mitad de su plumaje, ensegui- da alcanzaron las nubes y volaron a gran altu- ra, como si fueran una bandada de gansos sal- vajes. Orfeo celebró la victoria tocando un himno triunfal con su arpa, y cantó con voz tan melodiosa que Jasón se vio obligado a rogarle que se callara; pues no debían olvidar que los pájaros de plumas de acero habían huido del desagradable estruendo, y no sería de extra- ñar que aquella bella música lograra atraerlos

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