El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
padas, desplegaron sus alas y empezaron a perseguir a las tres ladronas, a las que dieron finalmente alcance entre unas islas, después de haberlas perseguido cientos de kilómetros. Los dos jóvenes alados (que tenían tan mal ca- rácter como su padre) atemorizaron hasta tal punto a las arpías con sus espadas que estas juraron solemnemente no volver a molestar al rey Fineo. Entonces los argonautas se hicieron nueva- mente a la mar y corrieron innumerables aventuras; y puedo aseguraros que cualquiera de ellas sería digna de un relato. En una oca- sión, arribaron a una isla y, mientras descansa- ban sobre la hierba, se vieron sorprendidos por el ataque de lo que parecía una verdadera lluvia de flechas con puntas de acero. Unas se incrustaron en la tierra y otras golpearon sus escudos, aunque también algunas se clavaron en sus carnes. Los cincuenta héroes, ponién- dose en pie de un salto, empezaron a buscar el lugar donde se ocultaba el enemigo; pero no hallaron ni un rincón en toda la isla donde pu-
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