El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Al día siguiente, cuando los argonautas se dis- ponían a zarpar, los terribles gigantes bajaron de la montaña, agitando sus brazos con un as- pecto realmente amenazador. Cada uno de aquellos monstruos era capaz de librar por sí solo una batalla, pues con sus dife- rentes brazos podía al mismo tiempo lanzar enormes pedruscos, blandir el mazo, empuñar la espada, arrojar una lanza, tensar el arco y disparar sus flechas. Pero, afortunadamente, a pesar de ser tan enormes y de tener tantos brazos, lo cierto es que solo tenían un corazón, que no era ni más grande ni más valeroso que el de una persona ordinaria. Además, aunque hubieran tenido cien brazos como Briareo, los intrépidos argo- nautas habrían luchado hasta derrotarlos. Jasón y sus valientes amigos se dirigieron a su encuentro, mataron a un gran número de ellos y ahuyentaron al resto, de tal modo que, si los gigantes hubieran tenido seis piernas en lugar de seis brazos, habrían podido ponerse a salvo

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