El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
dados por los habitantes de una montaña cer- cana, que habían decidido declararles la gue- rra, matando a su pueblo y causando verdade- ros estragos. Y mientras les contaba todo esto, Cícico señaló la montaña y preguntó a Jasón y a sus compañeros si divisaban algo. -Veo unos objetos enormes, majestad -respon- dió Jasón-; pero están tan lejos que no puedo distinguirlos con claridad. Para ser sincero, re- sultan tan peculiares que no me extrañaría que se tratara de simples nubes, que hubieran adoptado formas humanas por simple casuali- dad. -Pues yo los veo con total nitidez -afirmó Lin- ceo, cuyos ojos, como bien sabéis, parecían te- lescopios-. Son un grupo de gigantes enormes, con seis brazos, y todos ellos llevan un mazo, una espada, y un arma diferente en cada mano. -Tienes una vista excelente -dijo el rey Cícico-. En efecto, son gigantes de seis brazos. ¡Ojalá nos dejaran vivir en paz!
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