El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
aquella tormenta de cólera que había estalla- do en su corazón y hundir la gigantesca nave con su tripulación. Después de navegar algo más de cincuenta millas, Linceo miró casual- mente hacia la costa con sus penetrantes ojos, y dijo que aún veía al malvado rey, encarama- do en lo alto del promontorio, con un aspecto tan tenebroso que semejaba un oscuro nuba- rrón en el horizonte. A fin de pasar el tiempo más agradablemente durante la travesía, los héroes empezaron a hablar del vellocino de oro. Según decían, había pertenecido, en un principio, a un carne- ro de Beocia, que había cruzado tierras y mares hasta llegar a la Cólquide, llevando a lomos a dos niños, cuya vida corría un grave peligro. Uno de los pequeños, Helle, cayó al mar y pereció ahogado; pero el otro (un pe- queño llamado Frixo) alcanzó sano y salvo la orilla gracias al leal carnero, que, en cuanto salió del agua, se tendió exhausto en la arena y murió. Para conmemorar aquella buena ac- ción, y como prueba de su fidelidad y buen co-
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