El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
toque el arpa. Los cincuenta héroes subieron enseguida a bordo y, cogiendo los remos, los alzaron hacia el cielo, mientras los dedos de Orfeo (a quien le gustaba mucho más tocar su música que remar) tañían su arpa. Al sonar la primera nota, notaron que el navío se movía. Orfeo si- guió tocando con entusiasmo, y la galera se deslizó hacia el mar, hundiendo tan profunda- mente su proa que el mascarón bebió de las olas con sus maravillosos labios, antes de ele- varse de nuevo y flotar como un cisne. Los cin- cuenta hombres empezaron a remar, y la blan- ca espuma pareció hervir en la proa, mientras Orfeo interpretaba una melodía tan alegre que la nave empezó a seguir su compás, sal- tando y bailando por encima de las olas. Y así fue como la nave de los argonautas zarpó vic- toriosa del puerto, entre los vítores y aplausos de todos, excepto del malvado y viejo rey Pe- lias, que contempló con el ceño fruncido su partida desde lo alto de un promontorio, deseando con todas sus fuerzas expulsar
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