El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

la figura de una hermosa mujer, con un yelmo en la cabeza, y unos largos bucles cayendo sobre los hombros. En la mano izquierda lleva- ba un escudo, en cuyo centro aparecía repre- sentada la cabeza de la Medusa con sus rizos de serpientes. Y su brazo derecho parecía se- ñalar el horizonte. El rostro de aquella maravi- llosa estatua, sin llegar a ser amenazador, re- flejaba tanta gravedad que es muy posible que lo encontrarais algo severo; y parecía a punto de abrir los labios y pronunciar unas palabras de enorme sabiduría. Jasón estaba encantado con la figura, y no dejó descansar al artesano hasta que no estu- vo terminada; entonces sus hombres la insta- laron en la proa de la nave, exactamente en el mismo lugar donde, desde aquellos tiempos hasta nuestros días, se colocan los mascarones de proa. -Y ahora volveré a visitar al oráculo de la Enci- na -exclamó, contemplando el semblante digno y apacible de la estatua.

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