El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cierta inteligencia; pues de otro modo, ¿cómo habría podido conocer su existencia? Nada más oír su petición, Argos aceptó construir una enorme galera, que precisaría cincuenta vigorosos remeros, a pesar de que hasta en- tonces jamás se había visto en el mundo una nave tan grande. Así pues, el maestro carpin- tero, sus oficiales y sus aprendices empezaron a trabajar. Y, durante mucho tiempo, estuvie- ron sumamente atareados, cortando la made- ra y armando gran estrépito con sus martillos, hasta que el nuevo barco, que recibió el nom- bre de Argo, estuvo listo para ser botado. Y, puesto que el oráculo de la Encina le había aconsejado con tanto acierto, Jasón creyó con- veniente visitarlo una vez más. Así pues, regre- só al bosque y, debajo del tronco gigantesco y rugoso, le preguntó qué debía hacer a conti- nuación. Pero aquella vez las hojas no temblaron. Y, unos instantes después, Jasón se percató de que solo una de las grandes ramas empezaba

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