El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
los peligros a los que se había enfrentado. Los ojos del rey resplandecieron de alegría al oír su respuesta. -¡Bien dicho! -gritó-. ¡Cuánta sabiduría mues- tras, hombre de la sandalia! Márchate de aquí y, aun a riesgo de tu propia vida, tráeme el vellocino de oro. -Así lo haré -repuso Jasón sin perder la calma-. Y si fracaso, puedes estar seguro de que no volveré a molestarte con mi presencia. Pero, si consigo regresar victorioso a Iolco, abandona- rás enseguida tu trono y me entregarás el cetro y la corona. -¡Está bien! -aseguró el rey Pelias con un gesto de burla-. Pero, entretanto, deja que siga cui- dando de ellos. Al alejarse del monarca, Jasón decidió dirigirse en primer lugar a Dodona, y preguntar al oráculo de la Encina el mejor camino a seguir. Aquel maravilloso árbol estaba en medio de un bosque milenario. Su majestuoso tronco se
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