El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
cómo infligirlas con mis armas. -He oído hablar de Quirón, el maestro -contes- tó el rey-. Y sé que su cabeza está llena de sa- biduría, a pesar de encontrarse sobre un cuer- po de caballo. Es un gran placer para mí tener a uno de sus discípulos en esta corte. Sin em- bargo, con el fin de comprobar cuánto has aprendido de tan excelente maestro, ¿me per- mites que te haga una sola pregunta? -Jamás he pretendido ser muy sabio -afirmó Jasón-. Pero pregúntame lo que desees y res- ponderé lo mejor que pueda. Pues bien, el rey Pelias deseaba astutamente tender al joven una trampa, obligándole a decir algo que sin duda causaría su ruina. Por ello, con una malvada sonrisa en los labios, pronunció las siguientes palabras: -¿Qué harías, valiente Jasón, si conocieras la existencia de un hombre destinado a ocasio- nar tu perdición y tu muerte? ¿Y si este cayera en tu poder?
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