El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nar nuevo calzado, a expensas del erario real, si encontraba cualquier señal de deterioro. En todo su reinado, Pelias jamás se había sentido tan nervioso y asustado como al contemplar el pie descalzo de Jasón. Sin embargo, al ser un hombre de naturaleza osada y de duro cora- zón, no tardó en recuperar su sangre fría, y empezó a buscar la forma más sencilla de des- hacerse de aquel peligroso desconocido. -Joven extranjero -dijo, con el tono más suave que podáis imaginar, a fin de coger despreve- nido a nuestro héroe-. ¡Bienvenido a mi reino! A juzgar por tus ropajes, has recorrido una larga distancia, pues en estas tierras no acos- tumbramos a cubrirnos con una piel de leo- pardo. ¿Podrías decirme cómo te llamas y dónde fuisteis educado? -Mi nombre es Jasón -replicó el joven prínci- pe-. Desde mi más tierna infancia, habité en la caverna de Quirón el centauro. Él fue mi maestro, y me enseñó música, equitación, y no solo cómo curar heridas, sino también

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx