El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Cuando el joven pronunció estas palabras, la mirada del rey pareció clavarse en su sandalia. -¡Ajá! -refunfuñó-. ¡He aquí al muchacho del pie descalzo! ¿Qué podría yo hacer con él? Y agarró con más fuerza el cuchillo, como si pensara matar a Jasón en lugar de al toro. Todos aquellos que se encontraban cerca oye- ron sus palabras con claridad; y lo que empezó como un susurro terminó convirtiéndose en un clamor. -¡Ha llegado el hombre de la sandalia! ¡La pro- fecía se cumplirá! Pues debéis saber que, muchos años antes, el oráculo de la Encina de Dodona había vaticina- do que el rey Pelias sería destronado por un hombre con un pie descalzo. Por esta razón, el monarca había dado estrictas órdenes de que nadie compareciera ante su presencia, a menos que llevara bien atadas sus sandalias; y había un oficial en palacio con la única misión de examinar los pies de la gente, y proporcio-
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