El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

do. Desconozco si se abrió paso entre aquella multitud voluntariamente o le hicieron avan- zar a empujones, pero, en cualquier caso, no tardó en hallarse en el altar donde el rey Pelias sacrificaba un toro negro. El murmullo de sor- presa de la muchedumbre, al contemplar el pie descalzo de Jasón, se intensificó hasta tal punto que la ceremonia se interrumpió. El rey, sosteniendo en alto el enorme cuchillo con el que se disponía a degollar al toro, se volvió con furia y clavó su mirada en el joven prínci- pe. El pueblo había retrocedido, y Jasón se en- contró delante del altar, completamente solo con el enojado rey Pelias. -¿Quién eres? -gritó el rey, frunciendo el en- trecejo-. ¿Cómo osas armar este alboroto mientras sacrifico un toro negro a mi padre Neptuno? -No es culpa mía -repuso Jasón-. Majestad debes saber que son tus súbditos quienes han organizado este tumulto al ver mi pie descal- zo.

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