El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pedían seguir su camino, se precipitó contra el joven con sus innumerables ramas, semejan- tes a los cien brazos del gigante Briareo. Pero pasó velozmente por su lado, sin siquiera ro- zarle. Poco después, sin embargo, se le engan- chó un pie en una hendidura que había entre dos piedras y, al intentar sacarlo, perdió una de sus sandalias de cordones dorados. Cuando esto ocurrió, el joven príncipe no pudo evitar manifestar su irritación. -¿Qué te ocurre, Jasón? -inquirió la anciana. -Algo que me disgusta enormemente -replicó el joven-. He perdido una de mis sandalias entre las rocas. ¡Menuda pinta tendré al pre- sentarme ante la corte del rey Pelias con un pie descalzo! -No te lo tomes tan a pecho -exclamó alegre- mente su compañera-. Haber perdido esa san- dalia solo te traerá suerte. Me satisface saber que eres sin lugar a dudas la persona de la que ha estado hablando el oráculo de la Encina.

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