El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
pavo real también tenemos algo que hacer en la otra orilla. -Buena mujer -repuso Jasón-, tus asuntos no pueden ser tan importantes como destronar a un rey. Además, como ya puedes ver, las aguas están demasiado revueltas; si tuviera la mala suerte de tropezar, la corriente nos arrastraría a los dos con mucha más facilidad que a aquel árbol arrancado de raíz que se ve allá a lo lejos. Me alegraría poder prestarte auxilio, pero dudo tener suficiente fuerza para atravesar el río, llevándote a hombros. -Entonces tampoco creo que puedas expulsar de su trono al rey Pelias -le contestó con des- precio-. Jasón, si no eres capaz de socorrer a una pobre anciana necesitada, jamás deberías sentarte en un trono. Pues ¿para qué sirven los reyes sino para ayudar a los más débiles y afligidos? Pero haz lo que quieras. Si no me lle- vas a hombros, intentaré cruzar el río sola, con mis viejas piernas.
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