El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

taba demasiado revuelto para cruzarse a nado; tampoco se veía puente alguno y, de haber existido una barca, las rocas se habrían encargado de romperla instantáneamente en mil pedazos. -¡Observad a ese pobre muchacho! -dijo una voz cascada muy cerca de Jasón -. Seguramente no ha tenido una buena edu- cación, pues no sabe cómo cruzar un pequeño riachuelo como este. ¿O tendrá miedo de mo- jarse esas hermosas sandalias de cordones do- rados? Es una lástima que su maestro cua- drúpedo no esté aquí para llevarle sano y salvo sobre su lomo a la otra orilla. Jasón miró con asombro a su alrededor, pues no sabía que hubiera nadie en las cercanías. Sin embargo, no tardó en ver a su lado a una anciana con un manto andrajoso sobre la ca- beza, que se apoyaba en un bastón con el puño labrado en forma de cuclillo. Debía de ser realmente vieja, pues estaba llena de arru- gas y parecía muy débil. Pero había algo extra-

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