El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Polidectes, sus malvados consejeros y sus fe- roces súbditos quedaron al punto convertidos en imágenes de un monarca y su pueblo. Todos quedaron inmóviles para siempre en la postura que tenían en aquel instante. ¡La vista de la cabeza de Medusa los había transforma- do en blanco mármol! Perseo volvió a meter la cabeza en el saco y fue a decir a su querida madre que ya no había por qué tener miedo al malvado rey Polidec- tes. EL PORCHE DE TANGLEWOOD Después del cuento -Qué, ¿no ha sido un cuento bonito? -pregun- tó Eustace. -¡Ay, sí, sí! -exclamó Mimosa aplaudiendo-. ¡Y esas viejas tan raras, que no tenían más que un ojo para las tres! ¡Nunca he oído cosa más extraña!

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