El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

hacía brillar la ancha superficie de la niebla. Siete u ocho kilómetros hacia el sur se alzaba la cima de Monument Mountain. Veinticuatro kilómetros más lejos, en la misma dirección, se levantaba la cumbre más alta de los montes Taconic, tan azul y etérea que apenas parecía más sólida que el vaporoso mar de niebla que se extendía sobre ella. Las montañas más pró- ximas, que bordeaban el valle, estaban medio sumergidas y salpicadas de pequeñas guirnal- das de nubes hasta en las mismas cimas. En resumen, había tanta nube y tan poca tierra sólida que todo ello hacía el efecto de una vi- sión. Los niños que he mencionado, llenos de vida, se escapaban del porche y correteaban por la senda enarenada o por la hierba húmeda de la pradera. No puedo decir con seguridad cuán- tos eran: había más de nueve y menos de una docena, de todas clases, tamaños y edades, muchachos y chiquillas. Eran hermanos, her- manas y primos junto con unos cuantos ami- guitos que habían sido invitados por el señor y

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