El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

los seres de carácter más risueño. Si quisieras quedarte a mi lado por tu propia voluntad, me harías enormemente feliz. Sería mucho mejor que poseer cien palacios como este. -¡Ah! -exclamaba Proserpina-. Tendrías que haber intentado hacerte amigo mío antes de raptarme. Lo mejor que puedes hacer ahora es dejarme marchar. Así podré recordarte y pen- sar que eras todo lo amable conmigo que tu naturaleza te lo permitía. Quizá también, un día de estos, podría volver y hacerte una visi- ta. -No, no -decía Plutón, con una triste sonrisa-. Sé que no puedo fiarme. Te gusta demasiado vivir a la luz del día y coger flores. ¡Qué aficio- nes tan inútiles y pueriles! Estas piedras pre- ciosas que he ordenado traer para ti, y que ex- ceden en valor a las de mi propia corona, ¿acaso no son más hermosas que una violeta? -No tienen ni la mitad de su belleza -respondía Proserpina, quitándole a Plutón las gemas que llevaba en las manos y arrojándolas al otro ex-

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