El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
gentemente a visitar al rey Plutón, con la espe- ranza de que este reparara el daño que había ocasionado, y pusiera las cosas de nuevo en orden devolviendo a la niña. Azogue no tardó en llegar hasta la puerta de entrada y, saltan- do por encima del mastín de tres cabezas, se presentó en el palacio. Los sirvientes le cono- cían por su rostro y por su extraña vestimenta; pues ya habían visto por allí en otros tiempos su corta capa, el sombrero y las sandalias ala- das y el bastón con dos serpientes enroscadas. El mensajero de los dioses pidió que le lleva- ran inmediatamente ante la presencia del rey; y Plutón, que oyó su voz desde lo alto de la es- calera, y que disfrutaba con su alegre conver- sación, le llamó para que subiera. Y, mientras ellos resuelven sus asuntos, ha llegado el mo- mento de averiguar qué había pasado con Pro- serpina desde que la vimos por última vez. La niña había declarado, como recordaréis, que no probaría ni un solo bocado mientras la obligaran a permanecer en el palacio del rey Plutón. Cómo consiguió cumplir su palabra y
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