El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

lo hubieras dejado a mi cuidado, habría creci- do como un niño de estirpe celestial, con un vigor y una inteligencia sobrenaturales, y ha- bría vivido para siempre. ¿Acaso crees que una criatura humana pueda alcanzar la inmor- talidad sin ser templada en el más intenso de los fuegos? Has arruinado el destino de tu pro- pio hijo. Pues, aunque crecerá fuerte y sano, y será un héroe en su día, sin embargo, por culpa de tu locura, se hará viejo y finalmente morirá, como los hijos de otras mujeres. La frágil ternura de su madre le ha robado su in- mortalidad. ¡Adiós! Y diciendo estas palabras, besó al pequeño De- mofonte, suspirando al ver que lo había perdi- do, y partió sin hacer caso a Metanira, que le imploraba que se quedara y cubriera al niño con ascuas siempre que le pareciera bien. ¡Pobre niño! Jamás volvió a dormir arropado por aquel suave calorcito. Mientras habitó en el palacio del rey, la madre Ceres había estado tan atareada cuidando al

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