El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
haber visto a vuestro hermanito o hermanita antes de entrar en un baño bien caliente), Ceres lo depositó, desnudo como estaba, entre las ascuas encendidas. Entonces recogió las cenizas y se las echó por encima, y luego tranquilamente se dio la vuelta. Podéis imaginar, si sois capaces, el grito de es- panto que dio la reina Metanira, pensando que su querido hijo iba a ser convertido en carbonilla. Salió rápidamente de su escondite, y abalanzándose sobre la chimenea, apartó los rescoldos y sacó al pobre Demofonte del lecho de carbones encendidos. El pequeño lanzó un grito lastimero, como hacen los bebés cuando se les saca bruscamente de un profundo sueño. Pero, para gran asombro y alegría, la reina no pudo apreciar en su cuerpo la menor quemadura. Así pues, se volvió hacia Ceres, rogándole que le aclarara aquel misterio. -Insensata mujer -contestó Ceres-, ¿acaso no prometiste confiarme al príncipe? No puedes imaginar el perjuicio que le has ocasionado. Si
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx