El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
sus madres que no los perdieran nunca de vista. -Porque, si los dejáis solos -decía-, puede ocu- rriros lo que a mí, que el desalmado rey Plutón les coja cariño y en un abrir y cerrar de ojos los suba a su carruaje y se los lleve. Cierto día, en su peregrinaje en busca de la en- trada al reino de Plutón, llegó al palacio del rey Céleo, que reinaba en Eleusis. Subió por una escalinata y, al entrar, encontró a toda la familia real muy alarmada por el hijo de la reina. Al parecer, el pequeño estaba enfermo (supongo que serían los dientes), pues no que- ría comer y gemía sin cesar. La reina, cuyo nombre era Metanira, estaba impaciente por encontrar una nodriza; y, cuando vio a una mujer con aspecto de matrona subiendo las escaleras del palacio, decidió que era exacta- mente la persona que necesitaba. Así es que corrió hasta la puerta con el pobre niño lloran- do desconsoladamente en sus brazos, y supli- có a Ceres que se ocupara de él, o, por lo
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