El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
cerrada tras las verjas de hierro del rey de las minas, en cuyo umbral se encontraba Cerbero, el perro de tres cabezas, y no parecía posible que pudiera escapar. La siniestra Hécate, que disfrutaba viendo el lado más pesimista de las cosas, le dijo a Ceres que lo mejor sería que volviera con ella a la caverna, y así podría pasar lo que le quedaba de vida sintiéndose mísera y desdichada. Ceres contestó que le pa- recía muy bien que Hécate regresara, pero que ella seguiría errando por la tierra en busca de la entrada a los dominios del rey Plutón. Y Hécate le tomó la palabra y volvió a toda prisa a su amada cueva, asustando a un montón de niños que se tropezaron con su cara de perro. ¡Pobre madre Ceres! Da pena pensar en ella, en su penoso camino, completamente sola, con la antorcha que nunca se apagaba, y cuya llama parecía el símbolo de la congoja y de la esperanza que ardían juntas en su corazón. Tanto sufría que en poco tiempo se transfor- mó en una anciana, y la abandonó para siem-
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