El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
hija? ¿Qué son todos esos esplendores de los que me hablas, sin cariño? Quiero que vuelva a mi lado. Febo, ¿no vendrías conmigo a pedir al malvado Plutón que me devuelva a mi hija? -Espero que puedas disculparme -replicó Febo, haciendo una elegante reverencia-. Te deseo el mayor de los éxitos, y lamento que mis pro- pios asuntos me tengan tan ocupado, pero me es imposible atenderte. Además, mis relacio- nes con el rey Plutón no son demasiado bue- nas. Para serte sincero, su mastín de tres cabe- zas nunca me dejaría pasar; ya sabes que me veo obligado a llevar conmigo un haz de rayos de sol, y estos, como sabes, están prohibidos en el reino de Plutón. -¡Ay, Febo! -dijo Ceres, dando un amargo sen- tido a sus palabras-, tienes un arpa en lugar de un alma. Adiós. -¿No quieres quedarte un momento y oír la bonita y conmovedora historia de Proserpina en improvisados versos? -le preguntó el joven.
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