El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
flauta de pastor. También él tenía cuernos, orejas peludas y pies de cabra; sin embargo, puesto al corriente de la situación, contestó a la madre Ceres con toda la cortesía que cono- cía, y la invitó a tomar un poco de leche con miel en un cuenco de madera. Sin embargo, igual que las demás criaturas, tampoco pudo darle noticias de Proserpina. Así anduvo vagando nueve largos días y no- ches, sin encontrar el menor rastro de su hija, exceptuando alguna flor marchita en uno u otro rincón; y la madre Ceres las recogía y guardaba en su pecho, pues imaginaba que habían caído de las manos de su pobre niña. De día avanzaba bajo el ardiente sol, y por la noche, la llama de la antorcha se hacía más in- tensa e iluminaba el camino, permitiéndole proseguir la búsqueda sin sentarse jamás a descansar. Al llegar el décimo día, descubrió casualmente la boca de una caverna, que (a pesar de que era mediodía y la luz brillaba en todas partes)
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