El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

la corriente. También tuvo encuentros con faunos, que pa- recían campesinos quemados por el sol, en todo menos en las orejas, que eran peludas, los pequeños cuernos en la frente y las patas traseras de cabra, con las que brincaban ale- gremente en bosques y praderas. Eran criatu- ras muy juguetonas, pero se ponían todo lo tristes que su risueña naturaleza les permitía cuando Ceres les preguntaba por su hija y no podían darle razón de su paradero. Y alguna vez se acercó a algún grupo de groseros sáti- ros con cara de mono y cola de caballo, que estaban por lo general bailando y armando mucho alboroto, con gritos y carcajadas muy estridentes. Al detenerse y preguntar por su hija, empezaban a reír con gran descaro, y se divertían burlándose de la congoja de la solita- ria mujer. ¡Qué desagradables eran aquellos horrendos sátiros! Y en una ocasión, mientras atravesaba un pastizal apartado, encontró a un personaje llamado Pan, sentado al pie de un gran peñasco, y haciendo música con una

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